lunes, 29 de mayo de 2017

Reseña:Ana de las Tejas Verdes

Sinopsis:
Cuando en lugar del chico huérfano que pretendían adoptar, Ana Shirley, una niña pelirroja de once años, aparece en las vidas de Marilla y Matthew Cuthbert, dos hermanos solteros que viven en su casa familiar de Tejas Verdes, en el pequeño pueblo de Avonlea, sus vidas y las de cuantos la rodean cambiarán para siempre. Con su vivacidad, risas y lágrimas, y sobre todo su alegría e imaginación, Ana conseguirá formar parte, por primera vez en su vida, de una familia, y tener un lugar al que podrá llamar hogar para siempre.

Ambientada a principios del siglo XX, en un lugar tan mágico como Prince Edward Island, en Canadá, Ana, la de Tejas Verdes nos llevará a través de los ojos de esta despierta e inocente niña a sentir el mundo como algo totalmente nuevo, a emocionarnos y reirnos con sus ocurrencias, y en definitiva, a ver la vida desde un prisma más positivo y estimulante. Esta obra, al igual que toda la serie de Ana Shirley, conjuga los valores de la vida rural y la familia con las cuestiones universales que todos nos plantearnos en algún momento, como la pertenencia a una tierra, el valor de la amistad o la esencia del amor.
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Me decidí a leer este libro ya que es un clásico de la literatura infantil y después de que me gustarán tanto libros como la Princesita, el Jardín Secreto o el ya más que clásico Mujercitas (reseña aquí). De echo, la principal razón por la que leí Ana de las Tejas Verdes es porque parecían existir muchas similitudes entre estos dos libros. Los dos ambientados en países cercanos, uno en Estados Unidos y el otro en Canadá, y en fechas cercanas, el primero durante la guerra de Secesión americana y el segundo a principios del siglo XX.
No paraba de escuchar buenas críticas de este libro, muchas de ellas a raíz de la adaptación de Netflix, adaptación que se ha estrenado recientemente. Estaba segurísima de que este libro me gustaría mucho, tenía todo lo que me gusta en un libro.  Era un clásico y evocaba a uno de mis libros preferidos, Mujercitas. Y contra todo pronóstico, he odiado el libro.
Odié desde el minuto uno a Ana Shirley, pero, sobretodo, a su autora, Lucy Maud Mongomery, esta mujer me parece una de las escritoras más pedantes de todos los tiempos, puede que solo superada por mi gran amiga, nótese la ironía, J.K Rowling. Es que me la imaginaba en su casa, sentada, pensando como crear un personaje entrañable, alegre y risueño, eso sí, con algún defecto, no sea que se note mucho la poca profundidad del personaje. Pues resulta que no, señora Mongomery, resulta que Ana es repulsiva, pedante y pesada, la típica amiga pesada que no calla nunca y que está siempre pensando en sus problemas, esa amiga a la que le cuentas algún problemay ella siempre te cuenta algo peor, en serio, no tengo suficientes dedos en las manos para contar las veces que Ana se queja por ser huérfana. Solo hay algo que me ha gustado del libro, y eso han sido Marilla y Matthew, creo que son los únicos personajes verdaderamente profundos. La primera por su fuerza y carácter y el segundo por su extrema timidez y retraimiento. Mientras que todo lo otro, su narración, las aventuras de Ana, los personajes, todo era excesivamente edulcorado.
Todo era amor, sonrisas y arcoíris, solo a mi, que soy una hater total y estoy amargada, puede pasarme esto. Todo el mundo adora a Ana Shirley, Avonlea y la isla del Rey Eduardo, mientras que a mi, este libro, me ha hecho odiar hasta Canadá. Aparte, me pasó algo que hizo que odiara mucho más esta saga, me hice un enorme spoiler, sin querer claro, algo que hizo que perdiera la esperanza que que esta saga perdiera su jodido todo edulcorada. Pero aunque odie a Ana Shirley y su saga, voy a leermela toda.
Pero ¿Porqué voy a leerme la saga sí la odio? Pues por el puro deleite de seguir odiando todo este universo, es la típica satisfacción que de odiar algo con todo tu alma, es algo que a mi, personalmente, me da la vida y quién espere encontrar en este post algo con un poco de criterio, ya puede ir cerrando mi blog, porque en los siguientes libros voy a seguir ponendo a parir a Ana Shirley.
En conclusión. He disfrutado mucho odiando el libro, a Ana Shirley y a la propia Lucy Maud Mongomery.